A escasos días de las elecciones presidenciales del FC Barcelona, previstas para el domingo 15 de marzo, un enfrentamiento público entre el actual mandatario, Joan Laporta, y el exentrenador Xavi Hernández ha redefinido la campaña. Las acusaciones de Xavi, quien afirma que Laporta frustró personalmente el regreso de Lionel Messi en 2023, han puesto al astro argentino en el centro del debate y han otorgado un inesperado impulso al candidato opositor, Víctor Font. Laporta, favorito para la reelección, ha respondido cargando contra la versión de su ex técnico y defendiendo su gestión. Este cruce de declaraciones ha trascendido lo personal para exponer las profundas fracturas internas del club en un momento decisivo para su futuro institucional y deportivo.
El proceso electoral para la presidencia del FC Barcelona, que se celebrará el 15 de marzo, ha mutado de un plebiscito sobre la gestión económica y deportiva a un agrio enfrentamiento entre dos figuras históricas del club. Joan Laporta, presidente en funciones y candidato a la reelección, se enfrenta a las acusaciones más directas de su anterior aliado, Xavi Hernández. El exentrenador, que dirigió al equipo desde la temporada 2021-22 hasta la 2023-24, ha roto públicamente con Laporta, acusándolo de "fallarle por completo" y de manipular la comunicación con la plantilla a través de su entorno. Este distanciamiento no es solo una anécdota; ha proporcionado el argumento central de la campaña de Víctor Font, el único rival de Laporta, quien busca capitalizar el descontento para revertir una tendencia que hasta hace poco daba al actual presidente como claro favorito.
El núcleo de la disputa radica en la figura de Lionel Messi. Xavi Hernández ha afirmado de manera categórica que, tras el Mundial de Qatar 2022, el futbolista argentino tenía un acuerdo verbal para regresar al club en 2023. Según su relato, Laporta dio luz verde inicialmente, incluso con el visto bueno de La Liga para el encaje financiero, pero fue el propio presidente quien, finalmente, dio marcha atrás a la operación. "Leo no viene al Barça porque el presidente no quiere", declaró Xavi, desmintiendo versiones que apuntaban a exigencias salariales de la familia Messi o a obstáculos regulatorios. Por su parte, Laporta ha ofrecido una versión diametralmente opuesta. Asegura que, tras enviar la oferta contractual a Jorge Messi en marzo de 2023, fue el propio jugador quien rechazó la propuesta en mayo, argumentando la presión mediática en Barcelona y prefiriendo la oferta de Arabia Saudita y, posteriormente, la del Inter de Miami. Este desencuentro en los hechos revive un trauma para la afición y pone en entredicho una de las promesas clave de la campaña de Laporta en 2021: la retención de su máxima estrella.
La respuesta de Joan Laporta no se hizo esperar y fue de una dureza inusual. Calificó las declaraciones de Xavi como una manipulación orquestada por Víctor Font para "ensuciar el proceso" electoral. Más allá del tema Messi, Laporta justificó la destitución del técnico, a pesar de tener un acuerdo de renovación, alegando razones estrictamente deportivas. "Con los mismos jugadores que él tenía y perdía, Flick gane", afirmó, refiriéndose a Hansi Flick, el actual entrenador que lo sustituyó. Esta defensa, sin embargo, no logra ocultar el daño político. Víctor Font ha recordado con insistencia la paradoja de que Laporta ganara las elecciones de 2021 prometiendo mantener a Messi y terminara siendo, según su visión, el responsable de que no regresara. La alineación de Xavi con el discurso de Font, quien promete sustituir a Deco como director deportivo, ha dado una credibilidad inesperada a la candidatura opositora, transformando una elección que parecía decidida en un escenario de mayor incertidumbre.
Independientemente del resultado electoral, el cruce entre Laporta y Xavi deja al descubierto heridas profundas en la entidad blaugrana. La disputa pública entre un presidente y un legendario exjugador y exentrenador evidencia una fractura en la narrativa del club y en la gestión de su legado más reciente. La utilización de la figura de Lionel Messi como arma arrojadiza politiza aún más su historia, algo que podría tener repercusiones en la futura relación del astro con la institución. Además, el conflicto desvía la atención de los desafíos estructurales urgentes que enfrenta el Barcelona, como su delicada situación financiera y la necesidad de construir un proyecto deportivo sólido y sostenible. Las elecciones del 15 de marzo no solo decidirán quién ocupa el despacho presidencial, sino que también marcarán el tono de cómo el club gestiona sus crisis internas y reconcilia sus mitos con la cruda realidad.
Con información de Drix FM
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